Alaíde, una de las voces emergentes más intuitivas de la escena independiente, ha encontrado en Coyota un manifiesto sonoro que trasciende el formato de álbum para convertirse en una declaración espiritual. Desde su infancia en Tepoztlán, rodeada de montañas y relatos sobre nahuales, la música ha sido para ella un canal de exploración interior. Hoy, esa energía toma forma en un proyecto que dialoga con lo salvaje, lo amoroso y lo profundamente humano.
Desde niña escuchó historias sobre seres capaces de transformarse, figuras que habitaban la frontera entre lo visible y lo invisible. En ese imaginario nació la Coyota, una de sus nahualas, una presencia que no solo simboliza una etapa creativa, sino una faceta esencial de su identidad. Elegir a este animal nocturno no fue casualidad. La coyota representa intuición, lealtad y una fuerza primitiva que convive con la ternura. En ella, Alaíde reconoce tanto a la mujer salvaje como a la mujer amorosa que también habita en su interior.
No cabe duda de que nuestros padres son el primer faro que ilumina el camino, incluso cuando ese camino se adentra en territorios inciertos. En el caso de esta bella tepozteca, la inspiración nació en casa. En la mirada y el ejemplo de su padre, historiador de formación pero dedicado durante años a la producción cultural, encontró una referencia viva del arte como forma de vida. Durante casi toda su infancia, él fue productor de las giras del Ballet Folklórico de Amalia Hernández, y actualmente produce una orquesta integrada en su mayoría por mujeres guatemaltecas de origen maya. Por su parte, su madre, quien se dedicó a la escritura durante muchos años, también sembró en ella la sensibilidad y la disciplina creativa.
En ese entorno creció la valentía necesaria para abrazar un sueño que, para muchos, puede resultar intimidante. Porque elegir el arte es aceptar la inestabilidad, la duda constante y la fe como única brújula. No es un sendero trazado con la claridad social que suelen tener profesiones como la abogacía, la medicina o la ingeniería. Es, más bien, un salto al vacío sostenido por la convicción interior. Y fue precisamente en ese respaldo familiar donde halló refugio, entendiendo que perseguir una vocación poco convencional no es un acto de imprudencia, sino de profunda fidelidad a uno mismo.
★
Mirar atrás
La migración y la persecución no siempre llegan con estruendo, a veces se deslizan en silencio, como una sombra que obliga a empacar la vida en pocas maletas y a aprender a pronunciar la palabra hogar con otro acento. Hay mujeres que han tenido que cruzar fronteras no por deseo, sino por supervivencia, mujeres cuya biografía se escribe entre trenes, barcos, aeropuertos y despedidas interminables. En sus historias hay valentía, pero también una delicadeza profunda, la de quien resguarda fotografías, recetas, poemas y recuerdos como si fueran semillas. Porque migrar no es solo cambiar de territorio, es rehacerse. Y en ese rehacerse muchas veces nace una fuerza política y creativa que transforma la nostalgia en discurso y el dolor en causa.
En esa genealogía de coraje se inscribe Alaíde Foppa, poeta, traductora, crítica de arte y una de las pioneras del feminismo en México. Exiliada en este país durante más de dos décadas no solo reconstruyó su vida, ayudó a reconstruir el pensamiento de toda una generación. Fundó junto con otras intelectuales la revista fem, la primera revista feminista mexicana, y creó el programa Foro de la Mujer en Radio UNAM, abriendo micrófonos cuando casi nadie estaba dispuesto a escuchar. Su feminismo era firme pero elegante, incisivo pero luminoso. En diciembre de 1980 fue desaparecida por el ejército guatemalteco, y desde entonces su ausencia se convirtió en presencia constante, en memoria, en lucha, en palabra que no se deja silenciar.
Hablar de ella es también hablar de una mujer que convirtió su casa en punto de encuentro y su mesa en territorio fértil para el intercambio intelectual. Acogió a escritores y artistas latinoamericanos, tradujo voces esenciales de la literatura europea al español y llevó la poesía como quien lleva una antorcha íntima. Nunca buscó imponerse, persuadía con inteligencia y sensibilidad. Su feminismo, como alguna vez se dijo, era sonriente, pero no por ello menos revolucionario. En ella convivían muchas dimensiones, la poeta introspectiva, la académica rigurosa, la activista comprometida. Su desaparición dejó una herida abierta en la historia latinoamericana, pero su legado continúa expandiéndose como una conversación que atraviesa generaciones.
No era por casualidad que su nieta decidiera dedicarse a trabajar en este mundo, porque recordemos que su padre es hijo de Alaíde Foppa. El arte y la conciencia no llegaron a su vida como un capricho, sino como herencia. Crecer bajo la memoria de una mujer que enfrentó el exilio, fundó espacios para otras y pagó con su vida la coherencia de sus ideales imprime una marca silenciosa pero profunda. Ser artista nunca ha sido un camino sencillo, y en su historia familiar la creación siempre estuvo acompañada de resistencia. Tal vez por eso entiende que dedicarse a lo creativo no es solo una elección profesional, sino un acto de continuidad. En su vocación hay pasión, pero también memoria, una manera íntima de prolongar la voz de quien abrió brecha con palabra firme y corazón valiente.
“Digamos que yo con la historia de mi abuela me clavé ya de adulta. O sea, ella desapareció quince años antes de que yo naciera. Entonces un poco fue ya de grande cuando empecé a tomar conciencia del nombre que yo traía, y también de que yo era artista como ella. Y pues también está todo ese lado trágico y político de su historia. Me empecé a meter en su historia, y también en la historia de Guatemala, y empecé a leerla. Leí todo”, recuerda la artista al explicar que ese descubrimiento llegó como una revelación tardía, un proceso de acercamiento que comenzó por curiosidad y terminó convirtiéndose en una forma de entender su propia identidad. Con el tiempo, esa investigación personal se transformó también en una conversación íntima con una figura que, aunque ausente físicamente, dejó una huella profunda en su forma de mirar el mundo y en la conciencia con la que asume su lugar dentro del arte y la vida pública. “Sí, sí siento a veces una presión. Creo que puede pasar. Pero también creo que lo importante, en general, es vivir con perspectiva de género y buscar esa congruencia, porque es una búsqueda constante. Sí, a veces siento esa presión, pero bueno, más que nada creo que me inspira”, señala la actriz cuyo trabajo actoral, aparte de la música, también ha tocado la pantalla chica y grande en producciones como Vgly y Autos, Mota y Rocanrol.
★
Un poco de todo
Aquellos que alguna vez han tenido el placer de ver en persona una de las pinturas de Remedios Varo saben que no se trata solo de observar un cuadro, sino de entrar en una dimensión donde la mujer es alquimista de su propio destino. Sus figuras, absortas en laboratorios imposibles o viajando por paisajes suspendidos en el aire, encarnan una creatividad que desobedece las reglas y convierte la imaginación en conocimiento. Desde México, la española transformó el lugar de la mujer en el arte, no como musa pasiva, sino como mente creadora capaz de inventar universos enteros. Su obra abrió una grieta luminosa en la historia, una por la que comenzaron a filtrarse otras formas de entender la sensibilidad femenina.
Ese eco atraviesa el tiempo y encuentra resonancia en Alaíde, cuya creatividad no se limita a las letras o a la composición musical. En ella, el arte también habita en la manera de mostrarse ante el mundo. Opta por una estética alternativa que dialoga con distintas culturas, mezcla símbolos, texturas y referencias como si su cuerpo fuera otro lienzo en constante transformación. La moda, el maquillaje y el cabello dejan de ser adornos para convertirse en extensión de su discurso creativo. Sin decir una palabra, su imagen comunica la misma libertad que sus canciones, revelando cómo su mente entrelaza tradiciones, espiritualidades y sonidos para darles nueva vida. Así como Varo pintaba mujeres que tejían universos, Alaíde se presenta como una artista que habita el suyo propio, donde cada detalle es parte de una narrativa mayor que une arte, identidad y visión interior.
“Creo que Ritual fue una de las canciones que comenzó a plantear el tono de Coyota”, nos comparte la mexicana, cuya pasión también se extiende al mundo de la actuación, participando en series como Rebelde y Ojitos de Huevo, mientras recuerda el origen del álbum. A partir de ahí, el proyecto empezó a tomar forma como una experiencia que busca reconectar con algo antiguo dentro de nosotros mismos, pero desde un sonido contemporáneo.
A lo largo del disco decidió homenajear distintos orígenes musicales. El reggae, el soul, el rap y el afrobeat aparecen como raíces que se entrelazan y se reinterpretan. No se trata de replicar estilos, sino de dialogar con ellos desde su propia voz. El resultado es una atmósfera que respira memoria y actualidad al mismo tiempo.
Sobre su proceso creativo, la cantante reconoce la importancia de prepararse y contar con herramientas profesionales. Sin embargo, al momento de crear, prefiere apagar al juez interno y dejarse guiar por la intuición. En Coyota conviven ambas dimensiones. La técnica sostiene, pero es el instinto el que abre camino.
Hay una emoción que atraviesa todo el álbum. Me gusta decir que es música de poder, afirma. Un poder que no se impone, sino que libera. El poder de bajar la máscara y mostrarse sin artificios.
★
Más allá de lo evidente
Muchos artistas se ven atraídos por el mundo de lo oculto e inexplicable, es así como leyendas como Christian Dior y Coco Chanel pertenecen a esa estirpe de creadores que no separan el arte de lo invisible. Dior consultaba astrólogos y atendía a las señales antes de definir el rumbo de sus colecciones, convencido de que el destino también podía dibujar una silueta. Chanel, rodeada de símbolos, números cargados de significado y amuletos personales, permitió que las vibras y las supersticiones influyeran en su vida y en la línea estética que consolidó su legado. En una frecuencia contemporánea, Alaíde comparte esa sensibilidad hacia lo intangible. Aunque no se rige estrictamente bajo los dictados esotéricos, basa muchas de sus decisiones en los astros y se siente profundamente atraída por la astrología, entendiendo que los signos que nos rigen pueden revelar aspectos esenciales de nuestra personalidad y del camino que el universo ha trazado para nosotros. En Coyota, esa conexión se traduce en intuición, ritual y conciencia energética, confirmando que para ciertas almas creativas el arte no solo se construye con técnica, sino también con fe en lo que no siempre se ve, pero sí se siente.
Esta energía energía casi ceremonial se percibe en sus letras. “Creo que siempre tenemos que soltar para avanzar. Haciendo un disco hay que también ser flexible porque el camino siempre sorprende”, nos comenta la menor de seis hermanos, cuyo camino se vio guiado hacia al mundo creativo a lo contrario de los cinco caballeros que han formado parte de su familia. Para ella, la música se ha convertido en un túnel hacia su propia espiritualidad. Este álbum implicó una búsqueda profunda, una forma de ritualizar la cotidianidad y transformar lo ordinario en sagrado.
La coyota no es la única presencia simbólica en esta etapa. También aparece la dragona o serpiente emplumada, figura que forma parte de la portada del disco. Esta energía representa transformación y sabiduría ancestral, una fuerza que complementa la intuición terrestre de la coyota. Ambas conviven como expresiones distintas de una misma identidad en expansión.
“Para mí es un honor trabajar con artistas que admiro y creo que colaborar es de los regalos más bellos que nos da la música”, comenta la autora de La Movie Completa, al darse cuenta que, así como sus nahuales que la acompañan y le brindan protección, existen personas en nuestro plano terrenal de las cuales puede valerse también. Aprender a pedir ayuda y abrirse a nuevas perspectivas puede robustecer cada proyecto y llevarlo a lugares inesperados. Hacer un disco exige flexibilidad y apertura ante lo imprevisible. El trayecto creativo siempre sorprende y obliga a desprenderse de certezas previas para permitir que la obra crezca más allá de los propios límites.
★
Avanzando a su propio ritmo
Las melodías de la cantautora regida bajo el signo de Sagitario funcionan como un diario en movimiento. Las heridas no se presentan como capítulos cerrados, sino como procesos que continúan transformándose. Para ella, la historia sigue abierta. Todo está en constante cambio.
¿Pero cómo influyen tus emociones diarias en su proceso creativo? La pregunta flota como una pluma en el aire y ella la recibe sin armaduras. “De hecho busco en general escribir sobre lo que me importa, muchas veces sobre cosas que vivo o pienso”, responde con una honestidad que desarma. En su voz no hay artificio, solo la certeza de quien entiende que la creación nace del pulso cotidiano. Cada emoción, incluso la más mínima, puede convertirse en semilla que florece con un fruto tan delicioso que enamora por su elixir dulce y cautivante. La alegría leve de una mañana luminosa, la nostalgia que se cuela al atardecer, la duda que aparece antes de dormir, todo encuentra refugio en sus letras.
La portadora de esa melena rizada, cuyos resortes parecen danzar con voluntad propia, encarna en su imagen la misma naturaleza cambiante de su espíritu creativo. Sus rizos se expanden, se contraen, se rebelan o se aquietan según el día, como si fueran una extensión visible de su mundo interior. Así también sus canciones se moldean al ritmo de lo que siente y piensa, adaptándose con flexibilidad a cada etapa. En ella no existe una separación entre vida y arte. Lo que atraviesa su corazón termina inevitablemente transformado en sonido, y lo que escribe es, en el fondo, un mapa emocional de su propio tránsito por el mundo.
Si ella tuviera que describir el álbum en tres palabras, no duda en responder que es música de poder. Cuando lo escucha completo, ve colores específicos. Amarillo, verde, blanco, rojo y negro. Tonos que evocan tierra, fuego y renovación.
En las mañanas y las tardes se siente más creativa. Es una artista diurna que invoca, paradójicamente, la energía de un animal nocturno. Esa dualidad atraviesa todo el proyecto. Luz y sombra, fuerza y ternura, instinto y conciencia.
Una de las certezas más claras que le dejó este proceso es el amor profundo que siente por hacer música. Coyota no solo marca una etapa artística. Es la confirmación de una vocación que se renueva con cada canción y que encuentra en lo salvaje una forma de verdad. ★
Estrella ★ ALAÍDE
Fotografías ★ EDI AGUIRRE
Peinado y maquillaje ★ TONA RAMOS
Texto y estilismo ★ MICHEL MEDINA MARTÍNEZ
Producción ★ MONTSERRAT GÓMEZ PARA RRITMO
PR ★ JP
★★★★★★★★★★★★★★★
Look 1
Bodysuit ★ The Basic Line
Calzado ★ Longchamp
Medias ★ Wolford
Look 2
Conjunto ★ Cueva
Calzado ★ Longchamp
Joyería ★ Aalba, Mand8rla, Tala y Rego
Look 3
Blusa ★ The Basic Line
Falda ★ Stradivarius
Calzado ★ Fahrenheuta
Alaíde, una de las voces emergentes más intuitivas de la escena independiente, ha encontrado en Coyota un manifiesto sonoro que trasciende el formato de álbum para convertirse en una declaración espiritual. Desde su infancia en Tepoztlán, rodeada de montañas y relatos sobre nahuales, la música ha sido para ella un canal de exploración interior. Hoy, esa energía toma forma en un proyecto que dialoga con lo salvaje, lo amoroso y lo profundamente humano.
Desde niña escuchó historias sobre seres capaces de transformarse, figuras que habitaban la frontera entre lo visible y lo invisible. En ese imaginario nació la Coyota, una de sus nahualas, una presencia que no solo simboliza una etapa creativa, sino una faceta esencial de su identidad. Elegir a este animal nocturno no fue casualidad. La coyota representa intuición, lealtad y una fuerza primitiva que convive con la ternura. En ella, Alaíde reconoce tanto a la mujer salvaje como a la mujer amorosa que también habita en su interior.
No cabe duda de que nuestros padres son el primer faro que ilumina el camino, incluso cuando ese camino se adentra en territorios inciertos. En el caso de esta bella tepozteca, la inspiración nació en casa. En la mirada y el ejemplo de su padre, historiador de formación pero dedicado durante años a la producción cultural, encontró una referencia viva del arte como forma de vida. Durante casi toda su infancia, él fue productor de las giras del Ballet Folklórico de Amalia Hernández, y actualmente produce una orquesta integrada en su mayoría por mujeres guatemaltecas de origen maya. Por su parte, su madre, quien se dedicó a la escritura durante muchos años, también sembró en ella la sensibilidad y la disciplina creativa.
En ese entorno creció la valentía necesaria para abrazar un sueño que, para muchos, puede resultar intimidante. Porque elegir el arte es aceptar la inestabilidad, la duda constante y la fe como única brújula. No es un sendero trazado con la claridad social que suelen tener profesiones como la abogacía, la medicina o la ingeniería. Es, más bien, un salto al vacío sostenido por la convicción interior. Y fue precisamente en ese respaldo familiar donde halló refugio, entendiendo que perseguir una vocación poco convencional no es un acto de imprudencia, sino de profunda fidelidad a uno mismo.
★
Mirar atrás
La migración y la persecución no siempre llegan con estruendo, a veces se deslizan en silencio, como una sombra que obliga a empacar la vida en pocas maletas y a aprender a pronunciar la palabra hogar con otro acento. Hay mujeres que han tenido que cruzar fronteras no por deseo, sino por supervivencia, mujeres cuya biografía se escribe entre trenes, barcos, aeropuertos y despedidas interminables. En sus historias hay valentía, pero también una delicadeza profunda, la de quien resguarda fotografías, recetas, poemas y recuerdos como si fueran semillas. Porque migrar no es solo cambiar de territorio, es rehacerse. Y en ese rehacerse muchas veces nace una fuerza política y creativa que transforma la nostalgia en discurso y el dolor en causa.

En esa genealogía de coraje se inscribe Alaíde Foppa, poeta, traductora, crítica de arte y una de las pioneras del feminismo en México. Exiliada en este país durante más de dos décadas no solo reconstruyó su vida, ayudó a reconstruir el pensamiento de toda una generación. Fundó junto con otras intelectuales la revista fem, la primera revista feminista mexicana, y creó el programa Foro de la Mujer en Radio UNAM, abriendo micrófonos cuando casi nadie estaba dispuesto a escuchar. Su feminismo era firme pero elegante, incisivo pero luminoso. En diciembre de 1980 fue desaparecida por el ejército guatemalteco, y desde entonces su ausencia se convirtió en presencia constante, en memoria, en lucha, en palabra que no se deja silenciar.

Hablar de ella es también hablar de una mujer que convirtió su casa en punto de encuentro y su mesa en territorio fértil para el intercambio intelectual. Acogió a escritores y artistas latinoamericanos, tradujo voces esenciales de la literatura europea al español y llevó la poesía como quien lleva una antorcha íntima. Nunca buscó imponerse, persuadía con inteligencia y sensibilidad. Su feminismo, como alguna vez se dijo, era sonriente, pero no por ello menos revolucionario. En ella convivían muchas dimensiones, la poeta introspectiva, la académica rigurosa, la activista comprometida. Su desaparición dejó una herida abierta en la historia latinoamericana, pero su legado continúa expandiéndose como una conversación que atraviesa generaciones.

No era por casualidad que su nieta decidiera dedicarse a trabajar en este mundo, porque recordemos que su padre es hijo de Alaíde Foppa. El arte y la conciencia no llegaron a su vida como un capricho, sino como herencia. Crecer bajo la memoria de una mujer que enfrentó el exilio, fundó espacios para otras y pagó con su vida la coherencia de sus ideales imprime una marca silenciosa pero profunda. Ser artista nunca ha sido un camino sencillo, y en su historia familiar la creación siempre estuvo acompañada de resistencia. Tal vez por eso entiende que dedicarse a lo creativo no es solo una elección profesional, sino un acto de continuidad. En su vocación hay pasión, pero también memoria, una manera íntima de prolongar la voz de quien abrió brecha con palabra firme y corazón valiente.
“Digamos que yo con la historia de mi abuela me clavé ya de adulta. O sea, ella desapareció quince años antes de que yo naciera. Entonces un poco fue ya de grande cuando empecé a tomar conciencia del nombre que yo traía, y también de que yo era artista como ella. Y pues también está todo ese lado trágico y político de su historia. Me empecé a meter en su historia, y también en la historia de Guatemala, y empecé a leerla. Leí todo”, recuerda la artista al explicar que ese descubrimiento llegó como una revelación tardía, un proceso de acercamiento que comenzó por curiosidad y terminó convirtiéndose en una forma de entender su propia identidad. Con el tiempo, esa investigación personal se transformó también en una conversación íntima con una figura que, aunque ausente físicamente, dejó una huella profunda en su forma de mirar el mundo y en la conciencia con la que asume su lugar dentro del arte y la vida pública. “Sí, sí siento a veces una presión. Creo que puede pasar. Pero también creo que lo importante, en general, es vivir con perspectiva de género y buscar esa congruencia, porque es una búsqueda constante. Sí, a veces siento esa presión, pero bueno, más que nada creo que me inspira”, señala la actriz cuyo trabajo actoral, aparte de la música, también ha tocado la pantalla chica y grande en producciones como Vgly y Autos, Mota y Rocanrol.
★
Un poco de todo
Aquellos que alguna vez han tenido el placer de ver en persona una de las pinturas de Remedios Varo saben que no se trata solo de observar un cuadro, sino de entrar en una dimensión donde la mujer es alquimista de su propio destino. Sus figuras, absortas en laboratorios imposibles o viajando por paisajes suspendidos en el aire, encarnan una creatividad que desobedece las reglas y convierte la imaginación en conocimiento. Desde México, la española transformó el lugar de la mujer en el arte, no como musa pasiva, sino como mente creadora capaz de inventar universos enteros. Su obra abrió una grieta luminosa en la historia, una por la que comenzaron a filtrarse otras formas de entender la sensibilidad femenina.

Ese eco atraviesa el tiempo y encuentra resonancia en Alaíde, cuya creatividad no se limita a las letras o a la composición musical. En ella, el arte también habita en la manera de mostrarse ante el mundo. Opta por una estética alternativa que dialoga con distintas culturas, mezcla símbolos, texturas y referencias como si su cuerpo fuera otro lienzo en constante transformación. La moda, el maquillaje y el cabello dejan de ser adornos para convertirse en extensión de su discurso creativo. Sin decir una palabra, su imagen comunica la misma libertad que sus canciones, revelando cómo su mente entrelaza tradiciones, espiritualidades y sonidos para darles nueva vida. Así como Varo pintaba mujeres que tejían universos, Alaíde se presenta como una artista que habita el suyo propio, donde cada detalle es parte de una narrativa mayor que une arte, identidad y visión interior.

“Creo que Ritual fue una de las canciones que comenzó a plantear el tono de Coyota”, nos comparte la mexicana, cuya pasión también se extiende al mundo de la actuación, participando en series como Rebelde y Ojitos de Huevo, mientras recuerda el origen del álbum. A partir de ahí, el proyecto empezó a tomar forma como una experiencia que busca reconectar con algo antiguo dentro de nosotros mismos, pero desde un sonido contemporáneo.
A lo largo del disco decidió homenajear distintos orígenes musicales. El reggae, el soul, el rap y el afrobeat aparecen como raíces que se entrelazan y se reinterpretan. No se trata de replicar estilos, sino de dialogar con ellos desde su propia voz. El resultado es una atmósfera que respira memoria y actualidad al mismo tiempo.

Sobre su proceso creativo, la cantante reconoce la importancia de prepararse y contar con herramientas profesionales. Sin embargo, al momento de crear, prefiere apagar al juez interno y dejarse guiar por la intuición. En Coyota conviven ambas dimensiones. La técnica sostiene, pero es el instinto el que abre camino.
Hay una emoción que atraviesa todo el álbum. Me gusta decir que es música de poder, afirma. Un poder que no se impone, sino que libera. El poder de bajar la máscara y mostrarse sin artificios.
★
Más allá de lo evidente
Muchos artistas se ven atraídos por el mundo de lo oculto e inexplicable, es así como leyendas como Christian Dior y Coco Chanel pertenecen a esa estirpe de creadores que no separan el arte de lo invisible. Dior consultaba astrólogos y atendía a las señales antes de definir el rumbo de sus colecciones, convencido de que el destino también podía dibujar una silueta. Chanel, rodeada de símbolos, números cargados de significado y amuletos personales, permitió que las vibras y las supersticiones influyeran en su vida y en la línea estética que consolidó su legado. En una frecuencia contemporánea, Alaíde comparte esa sensibilidad hacia lo intangible. Aunque no se rige estrictamente bajo los dictados esotéricos, basa muchas de sus decisiones en los astros y se siente profundamente atraída por la astrología, entendiendo que los signos que nos rigen pueden revelar aspectos esenciales de nuestra personalidad y del camino que el universo ha trazado para nosotros. En Coyota, esa conexión se traduce en intuición, ritual y conciencia energética, confirmando que para ciertas almas creativas el arte no solo se construye con técnica, sino también con fe en lo que no siempre se ve, pero sí se siente.

Esta energía energía casi ceremonial se percibe en sus letras. “Creo que siempre tenemos que soltar para avanzar. Haciendo un disco hay que también ser flexible porque el camino siempre sorprende”, nos comenta la menor de seis hermanos, cuyo camino se vio guiado hacia al mundo creativo a lo contrario de los cinco caballeros que han formado parte de su familia. Para ella, la música se ha convertido en un túnel hacia su propia espiritualidad. Este álbum implicó una búsqueda profunda, una forma de ritualizar la cotidianidad y transformar lo ordinario en sagrado.

La coyota no es la única presencia simbólica en esta etapa. También aparece la dragona o serpiente emplumada, figura que forma parte de la portada del disco. Esta energía representa transformación y sabiduría ancestral, una fuerza que complementa la intuición terrestre de la coyota. Ambas conviven como expresiones distintas de una misma identidad en expansión.

“Para mí es un honor trabajar con artistas que admiro y creo que colaborar es de los regalos más bellos que nos da la música”, comenta la autora de La Movie Completa, al darse cuenta que, así como sus nahuales que la acompañan y le brindan protección, existen personas en nuestro plano terrenal de las cuales puede valerse también. Aprender a pedir ayuda y abrirse a nuevas perspectivas puede robustecer cada proyecto y llevarlo a lugares inesperados. Hacer un disco exige flexibilidad y apertura ante lo imprevisible. El trayecto creativo siempre sorprende y obliga a desprenderse de certezas previas para permitir que la obra crezca más allá de los propios límites.
★
Avanzando a su propio ritmo
Las melodías de la cantautora regida bajo el signo de Sagitario funcionan como un diario en movimiento. Las heridas no se presentan como capítulos cerrados, sino como procesos que continúan transformándose. Para ella, la historia sigue abierta. Todo está en constante cambio.

¿Pero cómo influyen tus emociones diarias en su proceso creativo? La pregunta flota como una pluma en el aire y ella la recibe sin armaduras. “De hecho busco en general escribir sobre lo que me importa, muchas veces sobre cosas que vivo o pienso”, responde con una honestidad que desarma. En su voz no hay artificio, solo la certeza de quien entiende que la creación nace del pulso cotidiano. Cada emoción, incluso la más mínima, puede convertirse en semilla que florece con un fruto tan delicioso que enamora por su elixir dulce y cautivante. La alegría leve de una mañana luminosa, la nostalgia que se cuela al atardecer, la duda que aparece antes de dormir, todo encuentra refugio en sus letras.

La portadora de esa melena rizada, cuyos resortes parecen danzar con voluntad propia, encarna en su imagen la misma naturaleza cambiante de su espíritu creativo. Sus rizos se expanden, se contraen, se rebelan o se aquietan según el día, como si fueran una extensión visible de su mundo interior. Así también sus canciones se moldean al ritmo de lo que siente y piensa, adaptándose con flexibilidad a cada etapa. En ella no existe una separación entre vida y arte. Lo que atraviesa su corazón termina inevitablemente transformado en sonido, y lo que escribe es, en el fondo, un mapa emocional de su propio tránsito por el mundo.
Si ella tuviera que describir el álbum en tres palabras, no duda en responder que es música de poder. Cuando lo escucha completo, ve colores específicos. Amarillo, verde, blanco, rojo y negro. Tonos que evocan tierra, fuego y renovación.

En las mañanas y las tardes se siente más creativa. Es una artista diurna que invoca, paradójicamente, la energía de un animal nocturno. Esa dualidad atraviesa todo el proyecto. Luz y sombra, fuerza y ternura, instinto y conciencia.
Una de las certezas más claras que le dejó este proceso es el amor profundo que siente por hacer música. Coyota no solo marca una etapa artística. Es la confirmación de una vocación que se renueva con cada canción y que encuentra en lo salvaje una forma de verdad. ★
Estrella ★ ALAÍDE
Fotografías ★ EDI AGUIRRE
Peinado y maquillaje ★ TONA
Texto y estilismo ★ MICHEL MEDINA MARTÍNEZ
Producción ★ MONTSERRAT GÓMEZ PARA RRITMO
PR ★ JP
★★★★★★★★★★★★★★★
Look 1
Bodysuit ★ The Basic Line
Calzado ★ Longchamp
Medias ★ Wolford
Look 2
Conjunto ★ Cueva
Calzado ★ Longchamp
Joyería ★ Aalba, Mand8rla, Tala y Rego
Look 3
Blusa ★ The Basic Line
Falda ★ Stradivarius
Calzado ★ Fahrenheuta

