Ninfomanía, deseando en demasía

Feb 18, 2026 | Bienestar

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Muy seguramente, en algún momento de tu vida habrás oído hablar de personas que les encanta intimar de forma frenética o quizá tú mismo has experimentado esta placentera sensación de vivir intensamente tu sexualidad, alternando con personas, escenarios y objetos, para alcanzar un amplio abanico de emociones en tu formación erótica. ¡Y es perfectamente normal que seas curioso con tu cuerpo (y con el de otros)! Pero, ¿qué pasa cuando el gozo carnal más bien es tormento y la líbido un verdugo sin piedad?

Conversamos con Yolande Urrutia, psiquiatra y tanatóloga del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, en la CDMX, quien nos contó diferencias entre ninfomanía, satiriasis e hipersexualidad.

¿Qué son la ninfomanía, la satiriasis y la hipersexualidad?

Contrario a lo que la mayoría de la gente pudiera pensar, tales parámetros no son sinónimos entre sí para describir a una persona con un deseo inconmensurable. Lejos de ser una sensación agradable, es una dificultad paralizante en términos de sociabilidad y desarrollo personal; ya que tener un apetito sexual periódico puede dificultar interacciones grupales, a la par de poner en riesgo a la persona por querer satisfacer sus necesidades.

Ahora bien, la ninfomanía es una descripción clínica del psicoanálisis temprano del siglo XIX, en el Círculo de Viena, donde terapeutas como Stekel o Freud descubrían conductas y vicios ocultos de las mentes, entre ellos la “promiscuidad femenina”.

En lo que respecta a la satiriasis, es mucho más antiguo el uso de este concepto: resulta una alusión al estallido erótico (y erecto) del sátiro, siempre listo para la fornicación. Se le asignaba de forma exclusiva tal etiqueta a los hombres, mientras que hipersexualidad es la frecuencia extrema de la actividad sexual.

Entonces, ¿la hipersexualidad es la forma correcta de llamarle a la excitación permanente?

No necesariamente. Dentro del mundo de la medicina le llamamos “adicción al sexo” a este comportamiento, porque —al igual que cualquier otra psicopatología— el paciente atraviesa muchos estados de consciencia, desde la culpa más atroz por estar eternamente excitado, hasta aquellos que viven muy tranquilamente con sus síntomas, sin tratamiento alguno más que el desfogue de sus impulsos.

¿Cómo afecta este padecimiento a las personas en sus vidas diarias?

De muchas maneras, especialmente cuando los pacientes forman parte de entornos conservadores. Sentir estas descargas eróticas les incomoda bastante, porque no pueden expresarlo abiertamente, propiciando depresión, codependencia a personas o sustancias e inclusive suicidio, en el peor de los casos.

En la otra mano, existen los pacientes que se sienten muy relajados con su padecimiento y presumen alegremente su historial amoroso, pero —en el fondo— ellos saben que, a pesar de desear (irónicamente hablando) permanecer con una sola persona, la mayoría de los casos no lo consigue, teniendo problemas de compromiso y fidelidad.

Para Jacques Lacan, gran estudioso de Freud y prolijo académico, la diferencia entre deseo y placer radica en lo siguiente:

★ El deseo es la tensión creativa que el sujeto busca encontrar
★ El placer es la relajación de la tensión y, por ende, la armonía entre el cuerpo, mente y entorno ★★★


En México, ¿cuál es la proporción de hombres y mujeres con esta situación?

Por ser tema tabú —incluso hoy día en nuestra sociedad— no se tienen datos fieles en cuanto a volumen de tratantes con adicción al sexo, pero hay mayor documentación de hombres que de mujeres en perspectiva.

¿A qué edad aparecen síntomas referentes a la adicción al sexo y cómo saber si lo tengo?

Durante el curso de la vida, el deseo sexual sufre variaciones entre una época y otra. Por ejemplo, a los 13 años de edad las hormonas juegan un papel importante, acechándonos con todo tipo de pensamientos y emociones, pero conforme vamos madurando, en teoría el deseo y la lujuria se van sofisticando, consiguiendo dominio sobre ellos.

No obstante, una persona con esta condición piensa obsesivamente en cómo satisfacer su pasión. He tenido pacientes que incluso son vírgenes, pero su forma de experimentar placer o satisfacer su concupiscencia es mediante el sexting, mirando pornografía, masturbándose o participando en orgías de forma voyerista (observación pasiva).

Los síntomas son muy parecidos a los que sufre una persona con problemas de uso de sustancias: pasan del éxtasis a la abstinencia y luego a la oscuridad, buscando saciar sus fantasías sexuales de una u otra forma.

En general, las personas tienen sueños húmedos muy intensos, se masturban en cualquier parte, sufren de imposibilidad para ser monógamos, consumen material explícito prolongado en diversos dispositivos; además, el sexo casual es parte de su estilo de vida y, finalmente, a pesar de haber intimado y alcanzado orgasmos, aún así se les puede ver irritables o frustrados por no conseguir más.

¿Existe cura para esta conducta?

Como en cualquier otro trastorno, si el paciente no está interesado en atenderse, no hay remedio o alivio para dicho mal. El sujeto que desea tratar su adicción sexual casi siempre lo hace porque atravesó rupturas muy dolorosas con sus parejas e hijos. De manera que, cuando se atienden, buscan recuperar la confianza de su familia y amigos.

Cuando esto sucede, por supuesto que puede encaminarse a buen puerto toda esa energía. De hecho, en el mundo del arte, Picasso fue uno de los más conscientes del poder de la sublimación de su energía sexual hacia la creación. Lo mismo pasa con pacientes que se dan la oportunidad de utilizar ese flujo libidinal para llevarlo a otras áreas, como los negocios, el deporte, etcétera, alcanzando resultados extraordinarios.

Finalmente, ¿a qué especialista o lugar debo recurrir si estoy interesada en superar mi adicción al sexo?

Existen clínicas que apoyan a pacientes con esta clase de obsesiones, como los centros médicos holísticos. Estos integran terapias de meditación, psicoanálisis y retiros individuales, así como las más comunes: terapias uno a uno con psicólogos o doctores, que trabajan las áreas dañadas con medicamentos y ejercicios personales.

Aunque depende mucho del enfoque que se le quiera dar al malestar, todas las rutas son válidas mientras el tratante vea progreso.


FOTOGRAFÍAS CORTESÍA Y PEXELS

★★★ Múltiples representaciones de una misma sensación ★★★

Justo cuando creemos que estamos luchando a solas con nuestros demonios, el mundo de la creación nos arropa, ofreciéndonos otra mirada a nuestros delirios.

La femme damnée

por Octave Tassaert

Maldita o no, la joven que levita entre mimos y caricias, pintada por el célebre artista francés Octave Tassaert, es una pieza que denuncia los deseos más profundos de una sociedad que critica y cancela a quien vive intensamente. En este caso, la figura femenina que casi siempre es reducida a un mero objeto sexual cobra relevancia al ser ella la que recibe placer y no lo niega o mendiga como suele suceder.

Hazañas eróticas del Cuarentón Hijoputa

por Hernán Migoya

Lejos de ser un libro ejemplarizante, es un texto desfachatado y mordaz, donde Migoya pone en la boca del protagonista una pléyade de bajezas que oscilan entre lo soez, lo cómico y lo picante. Sus aventuras sexuales son tan mundanas como fantásticas.

Gigolà

por Laure Charpentier

La autora queer francesa, Laure Charpentier, decidió llevar a la pantalla grande su exitosa novela de la mano de la intérprete Lou Doillon (hija de Jane Birkin), quien encarna a una estudiante de medicina. Tras perder a su amante por un suicidio dolorosísimo, decide cambiar de vida y revelarse a los placeres carnales como prostituta andrógina de lujo.

Superestrella

Lindsay Lohan

La hermosa pelirroja fue una de las famosas más perseguidas por los paparazzi, luego de descubrirse que a la exchica Disney le gustaba experimentar —con diversos compañeros sexuales— sus fantasías en toda clase de lugares durante los tempranos años 2000. ★

Muy seguramente, en algún momento de tu vida habrás oído hablar de personas que les encanta intimar de forma frenética o quizá tú mismo has experimentado esta placentera sensación de vivir intensamente tu sexualidad, alternando con personas, escenarios y objetos, para alcanzar un amplio abanico de emociones en tu formación erótica. ¡Y es perfectamente normal que seas curioso con tu cuerpo (y con el de otros)! Pero, ¿qué pasa cuando el gozo carnal más bien es tormento y la líbido un verdugo sin piedad?

Conversamos con Yolande Urrutia, psiquiatra y tanatóloga del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, en la CDMX, quien nos contó diferencias entre ninfomanía, satiriasis e hipersexualidad.

¿Qué son la ninfomanía, la satiriasis y la hipersexualidad?

Contrario a lo que la mayoría de la gente pudiera pensar, tales parámetros no son sinónimos entre sí para describir a una persona con un deseo inconmensurable. Lejos de ser una sensación agradable, es una dificultad paralizante en términos de sociabilidad y desarrollo personal; ya que tener un apetito sexual periódico puede dificultar interacciones grupales, a la par de poner en riesgo a la persona por querer satisfacer sus necesidades.

Ahora bien, la ninfomanía es una descripción clínica del psicoanálisis temprano del siglo XIX, en el Círculo de Viena, donde terapeutas como Stekel o Freud descubrían conductas y vicios ocultos de las mentes, entre ellos la “promiscuidad femenina”.

En lo que respecta a la satiriasis, es mucho más antiguo el uso de este concepto: resulta una alusión al estallido erótico (y erecto) del sátiro, siempre listo para la fornicación. Se le asignaba de forma exclusiva tal etiqueta a los hombres, mientras que hipersexualidad es la frecuencia extrema de la actividad sexual.

Entonces, ¿la hipersexualidad es la forma correcta de llamarle a la excitación permanente?

No necesariamente. Dentro del mundo de la medicina le llamamos “adicción al sexo” a este comportamiento, porque —al igual que cualquier otra psicopatología— el paciente atraviesa muchos estados de consciencia, desde la culpa más atroz por estar eternamente excitado, hasta aquellos que viven muy tranquilamente con sus síntomas, sin tratamiento alguno más que el desfogue de sus impulsos.

¿Cómo afecta este padecimiento a las personas en sus vidas diarias?

De muchas maneras, especialmente cuando los pacientes forman parte de entornos conservadores. Sentir estas descargas eróticas les incomoda bastante, porque no pueden expresarlo abiertamente, propiciando depresión, codependencia a personas o sustancias e inclusive suicidio, en el peor de los casos.

En la otra mano, existen los pacientes que se sienten muy relajados con su padecimiento y presumen alegremente su historial amoroso, pero —en el fondo— ellos saben que, a pesar de desear (irónicamente hablando) permanecer con una sola persona, la mayoría de los casos no lo consigue, teniendo problemas de compromiso y fidelidad.

Para Jacques Lacan, gran estudioso de Freud y prolijo académico, la diferencia entre deseo y placer radica en lo siguiente:

★ El deseo es la tensión creativa que el sujeto busca encontrar
★ El placer es la relajación de la tensión y, por ende, la armonía entre el cuerpo, mente y entorno ★★★

 

 


En México, ¿cuál es la proporción de hombres y mujeres con esta situación?

Por ser tema tabú —incluso hoy día en nuestra sociedad— no se tienen datos fieles en cuanto a volumen de tratantes con adicción al sexo, pero hay mayor documentación de hombres que de mujeres en perspectiva.

¿A qué edad aparecen síntomas referentes a la adicción al sexo y cómo saber si lo tengo?

Durante el curso de la vida, el deseo sexual sufre variaciones entre una época y otra. Por ejemplo, a los 13 años de edad las hormonas juegan un papel importante, acechándonos con todo tipo de pensamientos y emociones, pero conforme vamos madurando, en teoría el deseo y la lujuria se van sofisticando, consiguiendo dominio sobre ellos.

No obstante, una persona con esta condición piensa obsesivamente en cómo satisfacer su pasión. He tenido pacientes que incluso son vírgenes, pero su forma de experimentar placer o satisfacer su concupiscencia es mediante el sexting, mirando pornografía, masturbándose o participando en orgías de forma voyerista (observación pasiva).

Los síntomas son muy parecidos a los que sufre una persona con problemas de uso de sustancias: pasan del éxtasis a la abstinencia y luego a la oscuridad, buscando saciar sus fantasías sexuales de una u otra forma.

En general, las personas tienen sueños húmedos muy intensos, se masturban en cualquier parte, sufren de imposibilidad para ser monógamos, consumen material explícito prolongado en diversos dispositivos; además, el sexo casual es parte de su estilo de vida y, finalmente, a pesar de haber intimado y alcanzado orgasmos, aún así se les puede ver irritables o frustrados por no conseguir más.

¿Existe cura para esta conducta?

Como en cualquier otro trastorno, si el paciente no está interesado en atenderse, no hay remedio o alivio para dicho mal. El sujeto que desea tratar su adicción sexual casi siempre lo hace porque atravesó rupturas muy dolorosas con sus parejas e hijos. De manera que, cuando se atienden, buscan recuperar la confianza de su familia y amigos.

Cuando esto sucede, por supuesto que puede encaminarse a buen puerto toda esa energía. De hecho, en el mundo del arte, Picasso fue uno de los más conscientes del poder de la sublimación de su energía sexual hacia la creación. Lo mismo pasa con pacientes que se dan la oportunidad de utilizar ese flujo libidinal para llevarlo a otras áreas, como los negocios, el deporte, etcétera, alcanzando resultados extraordinarios.

Finalmente, ¿a qué especialista o lugar debo recurrir si estoy interesada en superar mi adicción al sexo?

Existen clínicas que apoyan a pacientes con esta clase de obsesiones, como los centros médicos holísticos. Estos integran terapias de meditación, psicoanálisis y retiros individuales, así como las más comunes: terapias uno a uno con psicólogos o doctores, que trabajan las áreas dañadas con medicamentos y ejercicios personales.

Aunque depende mucho del enfoque que se le quiera dar al malestar, todas las rutas son válidas mientras el tratante vea progreso.

★★★ Múltiples representaciones de una misma sensación ★★★

Justo cuando creemos que estamos luchando a solas con nuestros demonios, el mundo de la creación nos arropa, ofreciéndonos otra mirada a nuestros delirios.

La femme damnée

por Octave Tassaert

Maldita o no, la joven que levita entre mimos y caricias, pintada por el célebre artista francés Octave Tassaert, es una pieza que denuncia los deseos más profundos de una sociedad que critica y cancela a quien vive intensamente. En este caso, la figura femenina que casi siempre es reducida a un mero objeto sexual cobra relevancia al ser ella la que recibe placer y no lo niega o mendiga como suele suceder.

Hazañas eróticas del Cuarentón Hijoputa

por Hernán Migoya

Lejos de ser un libro ejemplarizante, es un texto desfachatado y mordaz, donde Migoya pone en la boca del protagonista una pléyade de bajezas que oscilan entre lo soez, lo cómico y lo picante. Sus aventuras sexuales son tan mundanas como fantásticas.

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La hermosa pelirroja fue una de las famosas más perseguidas por los paparazzi, luego de descubrirse que a la exchica Disney le gustaba experimentar —con diversos compañeros sexuales— sus fantasías en toda clase de lugares durante los tempranos años 2000. ★