Vivir entre multitudes sin formar parte de ellas

Jan 16, 2024 | Bienestar

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Mexico

El taco es uno de los grandes protagonistas de la cocina mexicana: una preparación que, a través de los años, ha pasado de los mercados y puestos callejeros a restaurantes que exploran nuevas formas de entenderlo

Olfativa

En los últimos años, la industria de la perfumería ha encontrado nuevas formas de conectar con el público a través de la nostalgia.

Pasta fresca

Hay lugares que no buscan hacer demasiado ruido para convertirse en un buen plan. Zimo parte de una idea sencilla: reunir pasta fresca, vino italiano, coctelería y música en un espacio relajado, donde la gastronomía y la atmósfera tengan el mismo peso

Verano

El verano tiene una manera particular de cambiar la dinámica de cualquier reunión. Las tardes se alargan, las sobremesas se vuelven más espontáneas y una bebida fría puede convertirse en el punto de partida de una buena conversación.

Quinta

Hay marcas que entienden el maquillaje como algo más que una colección de productos. Desde finales de los noventa, KIKO Milano ha construido su identidad alrededor de esa idea, mezclando el diseño italiano con la experimentación, el color y una visión de la belleza menos rígida

Lady Black

Mientras para algunos el trayecto al trabajo puede ser un paseo entre cafeterías y calles tranquilas, para millones de personas significa levantarse de madrugada, encadenar distintos medios de transporte y pasar una parte importante de su vida en movimiento.

El arte de comenzar de nuevo

Algunas historias comienzan con una maleta; otras, con una taza de café y una conversación entre amigas. Hannia Gisselle nos abre las puertas de su universo para hablar sobre feminidad, moda, intuición y el camino que la llevó a construir una comunidad desde la autenticidad. Una historia sobre crecer, reinventarse y encontrar propósito en cada paso.

bleu

Azul Guaita protagoniza la nueva campaña de Vogue Eyewear inspirada en la autoexpresión

Rosa

Síguenos  En los últimos años, la hidratación se ha consolidado como uno de los pilares fundamentales del cuidado de la piel. Lejos de ser un paso reservado para las pieles secas, hoy los especialistas coinciden en que mantener un buen nivel de hidratación es esencial...

Gemas

Síguenos  Durante siglos, los cristales han formado parte de distintas tradiciones espirituales como símbolos de protección, equilibrio o abundancia. Aunque no existe evidencia científica que respalde que posean propiedades energéticas, su valor simbólico ha...

Detengámonos un breve momento y reflexionemos: ¿estamos perdiendo la humanidad con la que nacimos o la humanidad nace en la convivencia?

Esta y otras preguntas nos arrojan series como Sweet Home, una producción de Netflix, Corea del Sur, donde se narra la vida de un adolescente que decide recluirse en casa para evitar ser juzgado por su sociedad inmediata, la cual ha depositado –sobre él y otros jóvenes– toda clase de fetiches y metas inasibles a corta edad, orillando al protagonista hasta contemplar el suicidio como única opción, luego de que sus padres dejaran de brindarle soporte económico para su subsistencia.

¿Reveses del hiperaceleramiento económico?

Lo triste de este argumento televisivo es que no es mera ficción y, desde el colapso de la burbuja económica de Japón de los años 90, así como el de otras naciones asiáticas en ascenso, como China, India y Corea del Sur, el fenómeno sociológico llamado Hikikomori no ha hecho más que aumentar.

Sin embargo, obtener cifras precisas por parte de tales gobiernos es casi imposible, debido a que familias con hijos o hermanos hikis los esconden por motivos de oprobio. Recordemos que, en Asia, valores como el honor y el prestigio familiar son más importantes que pertenecer a tal o cual casta social. Entonces, cuando sumas tradiciones añejas de esa magnitud, más la alta competitividad existente en todos los ámbitos posibles de hoy, existir duele.

Pero no solo en aquel continente se respira tal presión por ser el mejor de la clase, la más bella de la colonia, el más exitoso de la generación o padre de los niños más encantadores, sino que –con la integración de redes sociales a nuestras vidas– la percepción de la realidad se trastorna, provocando un grado inmenso de abatimiento por no cumplir con sueños que no nos pertenecen, impuestos.

A diferencia de los hikikomoris del pasado –adolescen- tes o adultos jóvenes en sus veintes–, en la actualidad, personas de más de 40 años de edad, incluso jubilados de 60 en adelante, han optado por esta forma de vida, donde permanecer en casa es más un alivio que un sacrificio.

Huir no es darse por vencido

Y es que a pesar del terrible doble filo de la tecnología –el cual presiona pero también libera–, esta le ha permitido a personas con trastornos sociales y emocionales independizarse económicamente de sus familiares al poder pedir comida, adquirir ropa y ganar dinero sin contacto humano alguno, como es el caso de Mappy, la modelo nipona de Only Fans que –luego de una serie de fracasos al intentar ingresar a la universidad pública de Tokio– puso llave a su cuarto y se conectó con el mundo mediante una cámara y wifi.

“La joven es el avatar de una generación que puede monetizar y entablar ‘relaciones’ más amables, gracias a cámaras y micrófonos, que si lo hiciera en el mundo de carne y hueso”, advierte Kenji Yamagawa, investi- gador y académico de la Okinawa Institute Of Science And Technology (OIST), quien advierte que, de un lustro para acá, el Hikikomori dejó de tener esa parte depresiva que se infringe dolor todo el tiempo, al convertirse en personas útiles para sí mismas al proveerse de medios económicos para subsistir, y ello se traduce en algún modo en bienestar.

“Las personas hikis de hoy no siempre fueron perso- nas disfuncionales. Muchos de ellos labraron carreras prósperas pero se cansaron de la falsedad y la hipocresía de los otros. Optaron por actuar de manera acorazada desde sus hogares y bajo sus términos sin ser juzgados u obligados a cumplir promesas imposibles. En cierta forma, es una suerte de amor propio que no conocíamos hasta ahora”, comenta Yamagawa, quien lleva 18 años estudiando casos de hikikomoris para diversos fines.

De manera que, aunque pareciera que estas personas escapan de los núcleos sociales, en realidad están sanando heridas profundas y hechas por los miem- bros abusivos a lo largo de las estancias formativas de los hikis. ★

Detengámonos un breve momento y reflexionemos: ¿estamos perdiendo la humanidad con la que nacimos o la humanidad nace en la convivencia?

Esta y otras preguntas nos arrojan series como Sweet Home, una producción de Netflix, Corea del Sur, donde se narra la vida de un adolescente que decide recluirse en casa para evitar ser juzgado por su sociedad inmediata, la cual ha depositado –sobre él y otros jóvenes– toda clase de fetiches y metas inasibles a corta edad, orillando al protagonista hasta contemplar el suicidio como única opción, luego de que sus padres dejaran de brindarle soporte económico para su subsistencia.

¿Reveses del hiperaceleramiento económico?

Lo triste de este argumento televisivo es que no es mera ficción y, desde el colapso de la burbuja económica de Japón de los años 90, así como el de otras naciones asiáticas en ascenso, como China, India y Corea del Sur, el fenómeno sociológico llamado Hikikomori no ha hecho más que aumentar.

Sin embargo, obtener cifras precisas por parte de tales gobiernos es casi imposible, debido a que familias con hijos o hermanos hikis los esconden por motivos de oprobio. Recordemos que, en Asia, valores como el honor y el prestigio familiar son más importantes que pertenecer a tal o cual casta social. Entonces, cuando sumas tradiciones añejas de esa magnitud, más la alta competitividad existente en todos los ámbitos posibles de hoy, existir duele.

Pero no solo en aquel continente se respira tal presión por ser el mejor de la clase, la más bella de la colonia, el más exitoso de la generación o padre de los niños más encantadores, sino que –con la integración de redes sociales a nuestras vidas– la percepción de la realidad se trastorna, provocando un grado inmenso de abatimiento por no cumplir con sueños que no nos pertenecen, impuestos.

A diferencia de los hikikomoris del pasado –adolescen- tes o adultos jóvenes en sus veintes–, en la actualidad, personas de más de 40 años de edad, incluso jubilados de 60 en adelante, han optado por esta forma de vida, donde permanecer en casa es más un alivio que un sacrificio.

Huir no es darse por vencido

Y es que a pesar del terrible doble filo de la tecnología –el cual presiona pero también libera–, esta le ha permitido a personas con trastornos sociales y emocionales independizarse económicamente de sus familiares al poder pedir comida, adquirir ropa y ganar dinero sin contacto humano alguno, como es el caso de Mappy, la modelo nipona de Only Fans que –luego de una serie de fracasos al intentar ingresar a la universidad pública de Tokio– puso llave a su cuarto y se conectó con el mundo mediante una cámara y wifi.

“La joven es el avatar de una generación que puede monetizar y entablar ‘relaciones’ más amables, gracias a cámaras y micrófonos, que si lo hiciera en el mundo de carne y hueso”, advierte Kenji Yamagawa, investi- gador y académico de la Okinawa Institute Of Science And Technology (OIST), quien advierte que, de un lustro para acá, el Hikikomori dejó de tener esa parte depresiva que se infringe dolor todo el tiempo, al convertirse en personas útiles para sí mismas al proveerse de medios económicos para subsistir, y ello se traduce en algún modo en bienestar.

“Las personas hikis de hoy no siempre fueron perso- nas disfuncionales. Muchos de ellos labraron carreras prósperas pero se cansaron de la falsedad y la hipocresía de los otros. Optaron por actuar de manera acorazada desde sus hogares y bajo sus términos sin ser juzgados u obligados a cumplir promesas imposibles. En cierta forma, es una suerte de amor propio que no conocíamos hasta ahora”, comenta Yamagawa, quien lleva 18 años estudiando casos de hikikomoris para diversos fines.

De manera que, aunque pareciera que estas personas escapan de los núcleos sociales, en realidad están sanando heridas profundas y hechas por los miembros abusivos a lo largo de las estancias formativas de los hikis. ★