Hace dos años decidimos crear un pequeño encuentro entre mujeres, un espacio íntimo para conversar, compartir y disfrutar de la delicadeza de pintar cerámica con nuestras propias manos mientras conocían de cerca la esencia de nuestra revista.
Fue en medio de ese ambiente cálido y creativo donde conocimos a Hannia. Su belleza era evidente desde el primer instante, pero no fue solo su presencia lo que capturó nuestra atención. Había en ella algo más sutil, un aura tranquila y serena, casi envolvente, que transmitía calma y una elegancia natural difícil de ignorar.
Entre risas, conversaciones espontáneas y piezas de barro tomando color, su energía se integró con naturalidad al espacio. Desde entonces supimos que sería una amistad que íbamos a atesorar, y que su historia merecía ser contada con la misma sensibilidad y cuidado con los que se moldea una obra hecha a mano.
Es así como se rige el mundo creativo, donde las conexiones suelen nacer de encuentros genuinos y amistades que trascienden lo profesional. Así ocurrió entre el actor Dan Levy y el diseñador Jonathan Anderson, cuya relación se fortaleció desde los años en que el creador irlandés consolidaba su visión al frente de la casa de modas Loewe y su firma homónima.
Poco después, Anderson se encontraba frente a un nuevo reto laboral en la capital parisina y profundamente inspirado por el legado del diseñador Christian Dior, una figura cuya sensibilidad artística siempre estuvo acompañada por una fuerte conexión con los astros y las prácticas de adivinación. Dior creía firmemente en el poder simbólico del destino y recurría con frecuencia a lecturas astrológicas y de tarot para orientar decisiones importantes tanto en su vida personal como en su trayectoria creativa. Esa fascinación por lo místico y lo intuitivo encontró eco en la curiosidad contemporánea de Anderson, quien veía en estas prácticas una forma de explorar nuevas dimensiones creativas.
Fue entonces cuando Levy decidió presentar a su amigo cercano, el tarotista Trevor Ballin, para una sesión privada que despertó el interés del diseñador y su círculo creativo. Lo que comenzó como un momento íntimo y casi casual tomó un giro inesperado cuando Anderson compartió una imagen del proceso en su cuenta de Instagram.
“Me encanta lo que hace Jonathan Anderson. Junta mucho la sensualidad con la feminidad de una forma muy bonita, como se ve todo muy etéreo, me encanta”, nos comenta con una luz en sus ojos al recordar el trabajo de este artista y pensar en cómo sus creaciones son una conexión viva con las mujeres. “O sea, yo como él, creo mucho en la numerología y en la astrología. De hecho me he guiado mucho por eso para mi contenido y para mi propio camino. También siento que soy una guía para las personas, y se me hizo muy curioso poder unir eso con lo que hago. Cuando entendí que mi propósito de vida era ser guía, todo empezó a tener más sentido. Realmente siento que cuando nos vamos de esta vida no pensamos en cuánto dinero hicimos, sino en lo que logramos vivir y hacer sentir a terceros. Hay una gran parte de mí que siempre ha pensado que mi meta en la vida es darles a los demás una experiencia bonita, algo que puedan recordar con cariño.”
Aquella publicación digital, aparentemente sencilla, se convirtió en un punto de inflexión. La curiosidad y el misterio que rodean al tarot captaron la atención de figuras influyentes en distintas industrias, y en cuestión de instantes el nombre de Trevor Ballin empezó a resonar entre creativos, artistas y líderes de opinión en distintas partes del mundo.
En una era donde las redes sociales funcionan como auténticos puntos de conexión, pequeños instantes compartidos pueden viajar lejos y encontrar a las personas correctas en el momento preciso. Así como Trevor logró expandir su voz y su práctica a través de estos espacios digitales, también existen historias que encuentran en las plataformas un puente para crear comunidad y cercanía.
Hoy, su agenda refleja el eco de aquel instante compartido, demostrando cómo la inspiración, la intuición y las conexiones adecuadas pueden transformar un talento discreto en un fenómeno buscado por quienes habitan las esferas más influyentes de la cultura contemporánea. Y es en ese mismo universo digital donde voces como la de Hannia Gisselle encuentran su propio camino, construyendo vínculos reales con su audiencia y convirtiendo cada publicación en una oportunidad para conectar, inspirar y acompañar a quienes la siguen.
Una maleta llena de posibilidades
En la icónica serie Sex and the City, la inolvidable Carrie Bradshaw se convierte en el reflejo de muchas jóvenes que encuentran en la ciudad un escenario para reinventarse. Con una profunda pasión por la moda y la escritura, Carrie emprende una aventura en la que su nuevo hogar se transforma en un espacio de descubrimiento, donde el amor, la amistad y el crecimiento profesional se entrelazan con cada paso que da en las calles de la ciudad.
De alguna forma, esa narrativa también resuena en la historia de Hannia. Inspirada por un deseo profundo de crear, decidió empacar maletas y apostar por un camino que desde siempre había imaginado para sí misma.
Elegir la ciudad no fue solo una decisión académica, sino también emocional. Mientras su familia le sugería opciones que parecían más tranquilas y seguras, ella sentía con claridad que su lugar estaba en la capital. Había una conexión difícil de explicar, una sensación constante de que la energía de la ciudad coincidía con su propio deseo de crecer y aprender.
“La primera noche aquí sola lloré. Pero hasta ahí, o sea, realmente yo estaba muy feliz. Desde pequeña siento que sí he sido muy desapegada. Me acuerdo que cuando me llevaron a mi primer día de kinder, la mayoría de los niños lloran, pero mi mamá me contó que ella era la que estaba llorando, mientras yo estaba súper feliz y le estaba diciendo adiós”, nos comenta la creadora de contenido, que aunque vive en la capital mexicana, también adora estar en casa y disfrutar de series y largometrajes como Black Mirror, The Notebook, Sentimental Value o Hamnet. “Tenía 17 años cuando me mudé, y desde entonces he aprendido que todos los pequeños pasos valen la pena. Muchas veces creemos que avanzar un poco cada día no hace diferencia, pero con el tiempo entendí que cada esfuerzo es una semilla que crece en algo mucho más grande. Llegar a la ciudad y ver a tantas personas con sueños como los míos me enseñó a confiar en el proceso, a ser paciente conmigo misma y a recordar que todos estamos aprendiendo en el camino”.
Paradójicamente, crecer en un entorno protector hacía que esta decisión pareciera aún más significativa. Mientras la idea de independencia parecía desafiante, también representaba una oportunidad para descubrir su propia fortaleza y aprender a habitar el mundo desde una nueva perspectiva. Mudarse significó confiar en su intuición, aceptar el vértigo del cambio y abrazar la certeza interior de que su vocación y su destino estaban íntimamente ligados a esa ciudad inmensa que, lejos de intimidarla, la hacía sentirse en casa.
“Siempre he sentido que me adapto rápido a lo nuevo, a los lugares y a los comienzos. Aunque hay una parte de mí que es muy sensible, también me gusta ver cada etapa como una aventura. Acapulco para mí significa evolución. Fue una etapa con momentos que dolieron, pero que hoy entiendo como parte esencial de mi crecimiento. Gracias a esas experiencias maduré mucho y aprendí que, muchas veces, son los momentos difíciles los que realmente te ayudan a brillar. Por eso mi hogar representa para mí evolución y sanación”, afirma la guerrerense, cuya fascinación por la comida italiana, el avocado toast y las ensaladas es tan grande que podría comerlos todos los días, y es un privilegio que disfruta por la facilidad de encontrarlos dentro de la Ciudad de México. “Uno de los retos más grandes al adaptarme a la ciudad fue darme cuenta de que no siempre recibiría lo mismo que doy a los demás. Tuve que aprender a no tomarme las cosas personales y a ser mucho más responsable conmigo misma. Venir de un entorno donde me cuidaban tanto hizo que este proceso también significara aprender a hacer las cosas por mi cuenta y confiar en mis propias capacidades”.
Como muchas historias que comienzan con una maleta llena de expectativas, mudarse significó confiar en su intuición y atreverse a construir una vida en un lugar que, desde el inicio, sintió como propio. Y así como Carrie Bradshaw recorriendo avenidas llenas de posibilidades, Hannia encontró en la metrópoli no solo un destino académico, sino un territorio donde sus aspiraciones comenzaron a tomar forma y donde, poco a poco, empezó a construir la vida creativa que siempre imaginó.
El destino también se disfraza de oportunidad
El largometraje hollywoodense The Devil Wears Prada nos relata una vida llena de glamur en la gran manzana, donde se cuenta la historia de Andy Sachs, una joven que llega a la ciudad con el deseo de abrirse camino dentro del mundo editorial. Aunque es una mujer inteligente y capaz, su imagen inicial no responde a los estándares tradicionales que la industria de la moda suele asociar con la feminidad y el estilo. Su entrada a ese universo parece accidental, casi ajena a sus verdaderas aspiraciones, y durante ese proceso también se enfrenta al juicio de sus amistades, quienes cuestionan sus decisiones y la dirección que su vida comienza a tomar. Sin embargo, el apoyo de su familia y su deseo constante por aprender la impulsan a mantenerse firme y a descubrir una fortaleza que no sabía que tenía.
“Creo que mi interés por la moda y el mundo de la belleza nació conmigo y viene mucho de mi familia. Crecí rodeada de mujeres que siempre cuidaban su imagen, como mi bisabuela con sus labios rojos impecables y mi mamá usando vestidos y tacones a todos lados, lo que marcó profundamente mi forma de ver la moda. Desde niña disfrutaba jugar con mi imagen, posar y experimentar con prendas”, nos comenta la originaria del puerto guerrerense, quien también confiesa que los pants se han convertido en una pieza clave en su armario, ya que le brindan comodidad y le permiten mantener claridad mental en su día a día. “También recuerdo ver America’s Next Top Model junto a mi mamá y hojear sus revistas de maquillaje y moda. Todo eso hizo que mi gusto por la moda y la belleza se formara desde muy temprana edad, prácticamente desde que tengo memoria.”
Con el paso del tiempo, Andy descubre que la moda está lejos de ser un terreno superficial. Detrás de cada prenda, tendencia o portada existe una maquinaria compleja que involucra creatividad, estrategia y decisiones que impactan a una industria multimillonaria. Lo que al inicio parecía banal se revela como un lenguaje cultural capaz de influir en la identidad, en la percepción personal y en la forma en que las personas se presentan ante el mundo.
“Recuerdo que mi primer contenido lo viví con mucha intensidad. No estaba estresada por los números, sino porque quería que saliera bien y que a mí me gustara el resultado. Me esforzaba muchísimo escribiendo libretos, moviendo luces, organizando ideas y pensando en cómo explicar cada tema para que se entendiera. Me recuerdo a mí misma escribiendo sin parar, probando cosas y ajustando detalles, muy concentrada en hacerlo lo mejor posible, no por la respuesta que pudiera tener, sino por la satisfacción personal de crear algo del que me sintiera orgullosa”, así nos relata la egresada de la universidad Janette Klein sobre el rumbo que tomó su trayectoria en el mundo digital.
Aunque concibe su contenido como un hobby y prefiere mantenerlo así por ahora, convencida de que permitirle crecer desde el disfrute le dará la tranquilidad necesaria cuando llegue el momento de convertirlo en un trabajo de tiempo completo, reconoce que hubo un punto clave en el que comenzó a ver su potencial profesional. “El momento en el que entendí que esto podía convertirse en una profesión fue cuando comenzaron a llegar campañas con marcas que ya formaban parte de mi vida. Colaborar con Sephora fue especialmente significativo, porque desde pequeña veía a mi mamá usar productos de M.A.C y recuerdo acompañarla a sus primeras visitas a tiendas de maquillaje. Verme ahora trabajando con marcas que admiraba desde niña me hizo entender que esto podía convertirse en algo más grande, y que mi trabajo podía enfocarse en algo que siempre me ha motivado, hacer sentir bien a las personas a través de lo que comparto.”
Es así como al final Andy Sachs decide dejar ese camino para seguir sus propias pasiones y retomar su rumbo inicial, su paso por la industria le deja una perspectiva completamente distinta. Comprende que incluso los caminos que no planeamos pueden convertirse en grandes maestros y que, muchas veces, el destino nos ilumina con opciones que no sabíamos que necesitábamos para crecer. De alguna manera, esa reflexión también encuentra eco en la historia de Hannia, quien al inicio soñaba con crear una marca de ropa y comenzó generando contenido enfocado en tendencias, noticias de moda y colorimetría, dedicando horas a escribir libretos y perfeccionar cada detalle. Sin embargo, un día decidió hablar sobre feminidad, un tema que nacía de forma natural en ella, y ese video inesperado se convirtió en uno de los primeros en alcanzar un millón de vistas.
A partir de ese momento entendió que su camino estaba evolucionando. Comenzó a combinar el contenido de moda con reflexiones que nacían desde su esencia, y descubrió que conectaba mucho más cuando hablaba desde lo que realmente era. Los mensajes de otras chicas que le compartían cómo sus palabras las hacían sentir mejor la llevaron a replantear su rumbo. Aunque la moda sigue siendo una parte fundamental de su identidad, comprendió que su propósito iba más allá de informar sobre tendencias, y que su voz podía convertirse en una herramienta para acompañar e inspirar a otras mujeres en su propio proceso de crecimiento.
Lo mejor de dos mundos
La serie televisiva Hannah Montana nos presentó una historia que marcó a toda una generación. En ella, el alter ego de su protagonista era una estrella del pop que, bajo los reflectores, movía a cientos de fans con su música y su presencia escénica, mientras que durante el día regresaba a una vida aparentemente normal, asistiendo a la escuela, conviviendo con su familia y compartiendo con sus amigos los momentos cotidianos que definían su juventud. Esa dualidad entre lo extraordinario y lo cotidiano mostró que incluso quienes viven bajo la mirada pública buscan preservar espacios de normalidad, una vida que les permita seguir siendo ellas mismas lejos del escenario.
De alguna manera, esa narrativa también encuentra un aire de similitud en la historia de Hannia, quien comenzó a hacerse visible dentro del universo digital mientras su vida seguía desarrollándose como la de cualquier estudiante. Asistía a clases, cumplía con tareas y compartía momentos con sus amistades, construyendo su identidad entre responsabilidades escolares y la creciente atención que comenzaba a recibir en redes. “Creo que uno de los retos más grandes al construir una presencia en redes sociales ha sido aprender a ser muy cuidadosa con mis palabras y entender la responsabilidad que implica tener una comunidad. Muchas veces siento que en internet se olvida que hay niñas y jóvenes escuchando lo que ven, y eso me ha enseñado a pensar mucho más en lo que digo y en lo que enseño”, comparte desde su faceta de hermana mayor, consciente del impacto que sus palabras pueden tener en quienes la siguen, especialmente en su hermana de 18 años.
Con el paso del tiempo, esa exposición también trajo consigo aprendizajes internos. Así como el personaje televisivo debía aprender a equilibrar dos mundos, Hannia comenzó a trabajar en su propia seguridad y en la forma en la que enfrentaba la presión que implicaba tener una audiencia. “Al principio sí sentía presión por no equivocarme, sobre todo por los temas que comparto, y muchas veces fui muy dura conmigo misma. Con el tiempo entendí que uno de mis mayores retos ha sido dejar de exigirme tanto y aprender a tratarme con más paciencia”, explica la ahora licenciada en Mercadotecnia y Publicidad reconociendo que parte del crecimiento también ocurre fuera de la pantalla.
Ese proceso la llevó a replantear la manera en la que creaba contenido y a encontrar un ritmo propio dentro de un entorno que constantemente exige inmediatez. “Hubo un momento en el que pensaba que debía subir muchísimo contenido, porque esa parecía ser la regla del mundo digital, pero después entendí que para mí es más importante la calidad que la cantidad. Prefiero crear menos, pero hacerlo con intención y con propósito”, afirma la bella acapulqueña a quien podríamos denominar, con cierta complicidad, como una especie de Hannia Montana, dejando claro que cada publicación se ha convertido en un ejercicio de responsabilidad y autenticidad.
A pesar de la visibilidad que fue adquiriendo con el tiempo, su vida personal continuó siendo un espacio que eligió cuidar con atención. Mantener ciertos aspectos lejos del ojo público se volvió una forma de preservar su equilibrio y su esencia. “Creo que algo que me ha ayudado mucho es tener claro quién soy. Cuando una se conoce bien y tiene una identidad fuerte, el ruido exterior afecta menos. Me siento cómoda compartiendo mis emociones y procesos, pero también me gusta guardar partes de mi vida para mí”, así finaliza esta entrevista, demostrando que, al igual que en aquellas historias que alguna vez vimos en la pantalla, la verdadera fortaleza radica en aprender a habitar ambos mundos sin perder la autenticidad que define quién eres.
Estrella ★ HANNIA GISELLE
Fotografías ★ NATANAEL TORRES
Peinado y maquillaje ★ DANIEL CASILLAS
Texto y estilismo ★ MICHEL MEDINA MARTÍNEZ
Producción ★ MONTSERRAT GÓMEZ PARA RRITMO
★★★★★★★★★★★★★★★
Look 1
Bodysuit ★ DIEGO CERÓN
Calzado ★ STEVE MADDEN
Accesorios ★ ANARCHY Y SWAROVSKI
Look 2
Vestido ★ MARIA CONESA
Calzado ★ SWAROVSKI
Joyería ★ Aalba, Mand8rla, Tala y Rego
Look 3
Bata★ MARIA CONESA
Aretes ★ ZARA
Look 4
Bata★ MARIA CONESA
Calzado ★ PERUGIA
Vestidos extra ★ PECHE, MALA LUNA Y DIEGO CERÓN
Accesorios ★ ANARCHY Y SWAROVSKI
Hace dos años decidimos crear un pequeño encuentro entre mujeres, un espacio íntimo para conversar, compartir y disfrutar de la delicadeza de pintar cerámica con nuestras propias manos mientras conocían de cerca la esencia de nuestra revista.
Fue en medio de ese ambiente cálido y creativo donde conocimos a Hannia. Su belleza era evidente desde el primer instante, pero no fue solo su presencia lo que capturó nuestra atención. Había en ella algo más sutil, un aura tranquila y serena, casi envolvente, que transmitía calma y una elegancia natural difícil de ignorar.
Entre risas, conversaciones espontáneas y piezas de barro tomando color, su energía se integró con naturalidad al espacio. Desde entonces supimos que sería una amistad que íbamos a atesorar, y que su historia merecía ser contada con la misma sensibilidad y cuidado con los que se moldea una obra hecha a mano.

Es así como se rige el mundo creativo, donde las conexiones suelen nacer de encuentros genuinos y amistades que trascienden lo profesional. Así ocurrió entre el actor Dan Levy y el diseñador Jonathan Anderson, cuya relación se fortaleció desde los años en que el creador irlandés consolidaba su visión al frente de la casa de modas Loewe y su firma homónima.
Poco después, Anderson se encontraba frente a un nuevo reto laboral en la capital parisina y profundamente inspirado por el legado del diseñador Christian Dior, una figura cuya sensibilidad artística siempre estuvo acompañada por una fuerte conexión con los astros y las prácticas de adivinación. Dior creía firmemente en el poder simbólico del destino y recurría con frecuencia a lecturas astrológicas y de tarot para orientar decisiones importantes tanto en su vida personal como en su trayectoria creativa. Esa fascinación por lo místico y lo intuitivo encontró eco en la curiosidad contemporánea de Anderson, quien veía en estas prácticas una forma de explorar nuevas dimensiones creativas.

Fue entonces cuando Levy decidió presentar a su amigo cercano, el tarotista Trevor Ballin, para una sesión privada que despertó el interés del diseñador y su círculo creativo. Lo que comenzó como un momento íntimo y casi casual tomó un giro inesperado cuando Anderson compartió una imagen del proceso en su cuenta de Instagram.
“Me encanta lo que hace Jonathan Anderson. Junta mucho la sensualidad con la feminidad de una forma muy bonita, como se ve todo muy etéreo, me encanta”, nos comenta con una luz en sus ojos al recordar el trabajo de este artista y pensar en cómo sus creaciones son una conexión viva con las mujeres. “O sea, yo como él, creo mucho en la numerología y en la astrología. De hecho me he guiado mucho por eso para mi contenido y para mi propio camino. También siento que soy una guía para las personas, y se me hizo muy curioso poder unir eso con lo que hago. Cuando entendí que mi propósito de vida era ser guía, todo empezó a tener más sentido. Realmente siento que cuando nos vamos de esta vida no pensamos en cuánto dinero hicimos, sino en lo que logramos vivir y hacer sentir a terceros. Hay una gran parte de mí que siempre ha pensado que mi meta en la vida es darles a los demás una experiencia bonita, algo que puedan recordar con cariño.”

Aquella publicación digital, aparentemente sencilla, se convirtió en un punto de inflexión. La curiosidad y el misterio que rodean al tarot captaron la atención de figuras influyentes en distintas industrias, y en cuestión de instantes el nombre de Trevor Ballin empezó a resonar entre creativos, artistas y líderes de opinión en distintas partes del mundo.
En una era donde las redes sociales funcionan como auténticos puntos de conexión, pequeños instantes compartidos pueden viajar lejos y encontrar a las personas correctas en el momento preciso. Así como Trevor logró expandir su voz y su práctica a través de estos espacios digitales, también existen historias que encuentran en las plataformas un puente para crear comunidad y cercanía.
Hoy, su agenda refleja el eco de aquel instante compartido, demostrando cómo la inspiración, la intuición y las conexiones adecuadas pueden transformar un talento discreto en un fenómeno buscado por quienes habitan las esferas más influyentes de la cultura contemporánea. Y es en ese mismo universo digital donde voces como la de Hannia Gisselle encuentran su propio camino, construyendo vínculos reales con su audiencia y convirtiendo cada publicación en una oportunidad para conectar, inspirar y acompañar a quienes la siguen.

Una maleta llena de posibilidades
En la icónica serie Sex and the City, la inolvidable Carrie Bradshaw se convierte en el reflejo de muchas jóvenes que encuentran en la ciudad un escenario para reinventarse. Con una profunda pasión por la moda y la escritura, Carrie emprende una aventura en la que su nuevo hogar se transforma en un espacio de descubrimiento, donde el amor, la amistad y el crecimiento profesional se entrelazan con cada paso que da en las calles de la ciudad.
De alguna forma, esa narrativa también resuena en la historia de Hannia. Inspirada por un deseo profundo de crear, decidió empacar maletas y apostar por un camino que desde siempre había imaginado para sí misma.

Elegir la ciudad no fue solo una decisión académica, sino también emocional. Mientras su familia le sugería opciones que parecían más tranquilas y seguras, ella sentía con claridad que su lugar estaba en la capital. Había una conexión difícil de explicar, una sensación constante de que la energía de la ciudad coincidía con su propio deseo de crecer y aprender.
“La primera noche aquí sola lloré. Pero hasta ahí, o sea, realmente yo estaba muy feliz. Desde pequeña siento que sí he sido muy desapegada. Me acuerdo que cuando me llevaron a mi primer día de kinder, la mayoría de los niños lloran, pero mi mamá me contó que ella era la que estaba llorando, mientras yo estaba súper feliz y le estaba diciendo adiós”, nos comenta la creadora de contenido, que aunque vive en la capital mexicana, también adora estar en casa y disfrutar de series y largometrajes como Black Mirror, The Notebook, Sentimental Value o Hamnet. “Tenía 17 años cuando me mudé, y desde entonces he aprendido que todos los pequeños pasos valen la pena. Muchas veces creemos que avanzar un poco cada día no hace diferencia, pero con el tiempo entendí que cada esfuerzo es una semilla que crece en algo mucho más grande. Llegar a la ciudad y ver a tantas personas con sueños como los míos me enseñó a confiar en el proceso, a ser paciente conmigo misma y a recordar que todos estamos aprendiendo en el camino”.

Paradójicamente, crecer en un entorno protector hacía que esta decisión pareciera aún más significativa. Mientras la idea de independencia parecía desafiante, también representaba una oportunidad para descubrir su propia fortaleza y aprender a habitar el mundo desde una nueva perspectiva. Mudarse significó confiar en su intuición, aceptar el vértigo del cambio y abrazar la certeza interior de que su vocación y su destino estaban íntimamente ligados a esa ciudad inmensa que, lejos de intimidarla, la hacía sentirse en casa.
“Siempre he sentido que me adapto rápido a lo nuevo, a los lugares y a los comienzos. Aunque hay una parte de mí que es muy sensible, también me gusta ver cada etapa como una aventura. Acapulco para mí significa evolución. Fue una etapa con momentos que dolieron, pero que hoy entiendo como parte esencial de mi crecimiento. Gracias a esas experiencias maduré mucho y aprendí que, muchas veces, son los momentos difíciles los que realmente te ayudan a brillar. Por eso mi hogar representa para mí evolución y sanación”, afirma la guerrerense, cuya fascinación por la comida italiana, el avocado toast y las ensaladas es tan grande que podría comerlos todos los días, y es un privilegio que disfruta por la facilidad de encontrarlos dentro de la Ciudad de México. “Uno de los retos más grandes al adaptarme a la ciudad fue darme cuenta de que no siempre recibiría lo mismo que doy a los demás. Tuve que aprender a no tomarme las cosas personales y a ser mucho más responsable conmigo misma. Venir de un entorno donde me cuidaban tanto hizo que este proceso también significara aprender a hacer las cosas por mi cuenta y confiar en mis propias capacidades”.

Como muchas historias que comienzan con una maleta llena de expectativas, mudarse significó confiar en su intuición y atreverse a construir una vida en un lugar que, desde el inicio, sintió como propio. Y así como Carrie Bradshaw recorriendo avenidas llenas de posibilidades, Hannia encontró en la metrópoli no solo un destino académico, sino un territorio donde sus aspiraciones comenzaron a tomar forma y donde, poco a poco, empezó a construir la vida creativa que siempre imaginó.

El destino también se disfraza de oportunidad
El largometraje hollywoodense The Devil Wears Prada nos relata una vida llena de glamur en la gran manzana, donde se cuenta la historia de Andy Sachs, una joven que llega a la ciudad con el deseo de abrirse camino dentro del mundo editorial. Aunque es una mujer inteligente y capaz, su imagen inicial no responde a los estándares tradicionales que la industria de la moda suele asociar con la feminidad y el estilo. Su entrada a ese universo parece accidental, casi ajena a sus verdaderas aspiraciones, y durante ese proceso también se enfrenta al juicio de sus amistades, quienes cuestionan sus decisiones y la dirección que su vida comienza a tomar. Sin embargo, el apoyo de su familia y su deseo constante por aprender la impulsan a mantenerse firme y a descubrir una fortaleza que no sabía que tenía.

“Creo que mi interés por la moda y el mundo de la belleza nació conmigo y viene mucho de mi familia. Crecí rodeada de mujeres que siempre cuidaban su imagen, como mi bisabuela con sus labios rojos impecables y mi mamá usando vestidos y tacones a todos lados, lo que marcó profundamente mi forma de ver la moda. Desde niña disfrutaba jugar con mi imagen, posar y experimentar con prendas”, nos comenta la originaria del puerto guerrerense, quien también confiesa que los pants se han convertido en una pieza clave en su armario, ya que le brindan comodidad y le permiten mantener claridad mental en su día a día. “También recuerdo ver America’s Next Top Model junto a mi mamá y hojear sus revistas de maquillaje y moda. Todo eso hizo que mi gusto por la moda y la belleza se formara desde muy temprana edad, prácticamente desde que tengo memoria.”
Con el paso del tiempo, Andy descubre que la moda está lejos de ser un terreno superficial. Detrás de cada prenda, tendencia o portada existe una maquinaria compleja que involucra creatividad, estrategia y decisiones que impactan a una industria multimillonaria. Lo que al inicio parecía banal se revela como un lenguaje cultural capaz de influir en la identidad, en la percepción personal y en la forma en que las personas se presentan ante el mundo.
“Recuerdo que mi primer contenido lo viví con mucha intensidad. No estaba estresada por los números, sino porque quería que saliera bien y que a mí me gustara el resultado. Me esforzaba muchísimo escribiendo libretos, moviendo luces, organizando ideas y pensando en cómo explicar cada tema para que se entendiera. Me recuerdo a mí misma escribiendo sin parar, probando cosas y ajustando detalles, muy concentrada en hacerlo lo mejor posible, no por la respuesta que pudiera tener, sino por la satisfacción personal de crear algo del que me sintiera orgullosa”, así nos relata la egresada de la universidad Janette Klein sobre el rumbo que tomó su trayectoria en el mundo digital.
Aunque concibe su contenido como un hobby y prefiere mantenerlo así por ahora, convencida de que permitirle crecer desde el disfrute le dará la tranquilidad necesaria cuando llegue el momento de convertirlo en un trabajo de tiempo completo, reconoce que hubo un punto clave en el que comenzó a ver su potencial profesional. “El momento en el que entendí que esto podía convertirse en una profesión fue cuando comenzaron a llegar campañas con marcas que ya formaban parte de mi vida. Colaborar con Sephora fue especialmente significativo, porque desde pequeña veía a mi mamá usar productos de M.A.C y recuerdo acompañarla a sus primeras visitas a tiendas de maquillaje. Verme ahora trabajando con marcas que admiraba desde niña me hizo entender que esto podía convertirse en algo más grande, y que mi trabajo podía enfocarse en algo que siempre me ha motivado, hacer sentir bien a las personas a través de lo que comparto.”

Es así como al final Andy Sachs decide dejar ese camino para seguir sus propias pasiones y retomar su rumbo inicial, su paso por la industria le deja una perspectiva completamente distinta. Comprende que incluso los caminos que no planeamos pueden convertirse en grandes maestros y que, muchas veces, el destino nos ilumina con opciones que no sabíamos que necesitábamos para crecer. De alguna manera, esa reflexión también encuentra eco en la historia de Hannia, quien al inicio soñaba con crear una marca de ropa y comenzó generando contenido enfocado en tendencias, noticias de moda y colorimetría, dedicando horas a escribir libretos y perfeccionar cada detalle. Sin embargo, un día decidió hablar sobre feminidad, un tema que nacía de forma natural en ella, y ese video inesperado se convirtió en uno de los primeros en alcanzar un millón de vistas.
A partir de ese momento entendió que su camino estaba evolucionando. Comenzó a combinar el contenido de moda con reflexiones que nacían desde su esencia, y descubrió que conectaba mucho más cuando hablaba desde lo que realmente era. Los mensajes de otras chicas que le compartían cómo sus palabras las hacían sentir mejor la llevaron a replantear su rumbo. Aunque la moda sigue siendo una parte fundamental de su identidad, comprendió que su propósito iba más allá de informar sobre tendencias, y que su voz podía convertirse en una herramienta para acompañar e inspirar a otras mujeres en su propio proceso de crecimiento.
Lo mejor de dos mundos
La serie televisiva Hannah Montana nos presentó una historia que marcó a toda una generación. En ella, el alter ego de su protagonista era una estrella del pop que, bajo los reflectores, movía a cientos de fans con su música y su presencia escénica, mientras que durante el día regresaba a una vida aparentemente normal, asistiendo a la escuela, conviviendo con su familia y compartiendo con sus amigos los momentos cotidianos que definían su juventud. Esa dualidad entre lo extraordinario y lo cotidiano mostró que incluso quienes viven bajo la mirada pública buscan preservar espacios de normalidad, una vida que les permita seguir siendo ellas mismas lejos del escenario.

De alguna manera, esa narrativa también encuentra un aire de similitud en la historia de Hannia, quien comenzó a hacerse visible dentro del universo digital mientras su vida seguía desarrollándose como la de cualquier estudiante. Asistía a clases, cumplía con tareas y compartía momentos con sus amistades, construyendo su identidad entre responsabilidades escolares y la creciente atención que comenzaba a recibir en redes. “Creo que uno de los retos más grandes al construir una presencia en redes sociales ha sido aprender a ser muy cuidadosa con mis palabras y entender la responsabilidad que implica tener una comunidad. Muchas veces siento que en internet se olvida que hay niñas y jóvenes escuchando lo que ven, y eso me ha enseñado a pensar mucho más en lo que digo y en lo que enseño”, comparte desde su faceta de hermana mayor, consciente del impacto que sus palabras pueden tener en quienes la siguen, especialmente en su hermana de 18 años.

Con el paso del tiempo, esa exposición también trajo consigo aprendizajes internos. Así como el personaje televisivo debía aprender a equilibrar dos mundos, Hannia comenzó a trabajar en su propia seguridad y en la forma en la que enfrentaba la presión que implicaba tener una audiencia. “Al principio sí sentía presión por no equivocarme, sobre todo por los temas que comparto, y muchas veces fui muy dura conmigo misma. Con el tiempo entendí que uno de mis mayores retos ha sido dejar de exigirme tanto y aprender a tratarme con más paciencia”, explica la ahora licenciada en Mercadotecnia y Publicidad reconociendo que parte del crecimiento también ocurre fuera de la pantalla.

Ese proceso la llevó a replantear la manera en la que creaba contenido y a encontrar un ritmo propio dentro de un entorno que constantemente exige inmediatez. “Hubo un momento en el que pensaba que debía subir muchísimo contenido, porque esa parecía ser la regla del mundo digital, pero después entendí que para mí es más importante la calidad que la cantidad. Prefiero crear menos, pero hacerlo con intención y con propósito”, afirma la bella acapulqueña a quien podríamos denominar, con cierta complicidad, como una especie de Hannia Montana, dejando claro que cada publicación se ha convertido en un ejercicio de responsabilidad y autenticidad.

A pesar de la visibilidad que fue adquiriendo con el tiempo, su vida personal continuó siendo un espacio que eligió cuidar con atención. Mantener ciertos aspectos lejos del ojo público se volvió una forma de preservar su equilibrio y su esencia. “Creo que algo que me ha ayudado mucho es tener claro quién soy. Cuando una se conoce bien y tiene una identidad fuerte, el ruido exterior afecta menos. Me siento cómoda compartiendo mis emociones y procesos, pero también me gusta guardar partes de mi vida para mí”, así finaliza esta entrevista, demostrando que, al igual que en aquellas historias que alguna vez vimos en la pantalla, la verdadera fortaleza radica en aprender a habitar ambos mundos sin perder la autenticidad que define quién eres.

Estrella ★ HANNIA GISELLE
Fotografías ★ NATANAEL TORRES
Peinado y maquillaje ★ DANIEL CASILLAS
Texto y estilismo ★ MICHEL MEDINA MARTÍNEZ
Producción ★ MONTSERRAT GÓMEZ PARA RRITMO
★★★★★★★★★★★★★★★
Look 1
Bodysuit ★ DIEGO CERÓN
Calzado ★ STEVE MADDEN
Accesorios ★ ANARCHY Y SWAROVSKI
Look 2
Vestido ★ MARIA CONESA
Calzado ★ SWAROVSKI
Joyería ★ Aalba, Mand8rla, Tala y Rego
Look 3
Bata★ MARIA CONESA
Aretes ★ ZARA
Look 4
Bata★ MARIA CONESA
Calzado ★ PERUGIA
Vestidos extra ★ PECHE, MALA LUNA Y DIEGO CERÓN
Accesorios ★ ANARCHY Y SWAROVSKI

