Esencia

Mar 26, 2026 | Radar

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Mexico

El taco es uno de los grandes protagonistas de la cocina mexicana: una preparación que, a través de los años, ha pasado de los mercados y puestos callejeros a restaurantes que exploran nuevas formas de entenderlo

Olfativa

En los últimos años, la industria de la perfumería ha encontrado nuevas formas de conectar con el público a través de la nostalgia.

Pasta fresca

Hay lugares que no buscan hacer demasiado ruido para convertirse en un buen plan. Zimo parte de una idea sencilla: reunir pasta fresca, vino italiano, coctelería y música en un espacio relajado, donde la gastronomía y la atmósfera tengan el mismo peso

Verano

El verano tiene una manera particular de cambiar la dinámica de cualquier reunión. Las tardes se alargan, las sobremesas se vuelven más espontáneas y una bebida fría puede convertirse en el punto de partida de una buena conversación.

Quinta

Hay marcas que entienden el maquillaje como algo más que una colección de productos. Desde finales de los noventa, KIKO Milano ha construido su identidad alrededor de esa idea, mezclando el diseño italiano con la experimentación, el color y una visión de la belleza menos rígida

Lady Black

Mientras para algunos el trayecto al trabajo puede ser un paseo entre cafeterías y calles tranquilas, para millones de personas significa levantarse de madrugada, encadenar distintos medios de transporte y pasar una parte importante de su vida en movimiento.

El arte de comenzar de nuevo

Algunas historias comienzan con una maleta; otras, con una taza de café y una conversación entre amigas. Hannia Gisselle nos abre las puertas de su universo para hablar sobre feminidad, moda, intuición y el camino que la llevó a construir una comunidad desde la autenticidad. Una historia sobre crecer, reinventarse y encontrar propósito en cada paso.

bleu

Azul Guaita protagoniza la nueva campaña de Vogue Eyewear inspirada en la autoexpresión

Rosa

Síguenos  En los últimos años, la hidratación se ha consolidado como uno de los pilares fundamentales del cuidado de la piel. Lejos de ser un paso reservado para las pieles secas, hoy los especialistas coinciden en que mantener un buen nivel de hidratación es esencial...

Gemas

Síguenos  Durante siglos, los cristales han formado parte de distintas tradiciones espirituales como símbolos de protección, equilibrio o abundancia. Aunque no existe evidencia científica que respalde que posean propiedades energéticas, su valor simbólico ha...

Hay lugares que no necesitan anunciarse como especiales para sentirse así. Basta con la forma en la que se entra, con la luz que cae sobre las mesas o con el ritmo en el que transcurre una comida. Espacios donde todo parece suceder sin esfuerzo, pero donde cada detalle está pensado para que uno quiera quedarse un poco más.

En una ciudad que rara vez se detiene como la Ciudad de México, encontrar ese tipo de pausa se vuelve casi un hallazgo. No se trata solo de comer bien, sino de cómo se vive ese momento. La conversación que se alarga, el vino que se sirve sin prisa, la sensación de que no hay urgencia por levantarse de la mesa.

También hay algo particular en la cocina italiana. Más que una colección de recetas, es una forma de entender el tiempo, el producto y la compañía. Comer se vuelve un acto cotidiano pero significativo, donde lo sencillo, cuando está bien hecho, no necesita nada más. Esa idea de lo esencial es la que sigue resonando, incluso lejos de Italia.

En una esquina de la colonia Escandón aparece Osteria Brunetta, un espacio que recoge ese espíritu y lo traduce en una experiencia cercana, relajada y sin pretensiones. Desde el nombre, que evoca carácter y una belleza natural sin artificios, se percibe una intención clara de celebrar lo auténtico sin complicarlo.

La propuesta se inspira en las osterias del centro de Italia, donde la cocina es directa y precisa. Aquí, las pastas frescas se elaboran a mano todos los días y forman parte del ritmo del lugar. No hay necesidad de explicar lo artesanal cuando puede verse. La cocina se vuelve parte de la experiencia, no un fondo invisible.

El menú fluye con esa misma lógica. Pastas hechas en casa, pizzas, focaccias y postres clásicos conviven en una carta pensada para compartirse. Cada plato responde a una idea simple pero exigente, buenos ingredientes, técnica cuidada y sabores que reconfortan sin saturar. Nada busca impresionar de más, pero todo cumple.

La barra acompaña sin imponerse. Cocteles clásicos reinterpretados, spritz, amari y preparaciones hechas en casa dialogan con la comida y alargan la sobremesa. Todo invita a quedarse, a pedir algo más, a dejar que la noche avance sin marcar el tiempo.

En Osteria Brunetta, la experiencia no se construye desde grandes declaraciones, sino desde lo que ocurre en la mesa. Un lugar donde tradición y espíritu joven conviven con naturalidad, recordando que, a veces, lo mejor no es lo más complejo, sino lo que está bien hecho y se disfruta sin prisa.

Hay lugares que no necesitan anunciarse como especiales para sentirse así. Basta con la forma en la que se entra, con la luz que cae sobre las mesas o con el ritmo en el que transcurre una comida. Espacios donde todo parece suceder sin esfuerzo, pero donde cada detalle está pensado para que uno quiera quedarse un poco más.

En una ciudad que rara vez se detiene como la Ciudad de México, encontrar ese tipo de pausa se vuelve casi un hallazgo. No se trata solo de comer bien, sino de cómo se vive ese momento. La conversación que se alarga, el vino que se sirve sin prisa, la sensación de que no hay urgencia por levantarse de la mesa.

También hay algo particular en la cocina italiana. Más que una colección de recetas, es una forma de entender el tiempo, el producto y la compañía. Comer se vuelve un acto cotidiano pero significativo, donde lo sencillo, cuando está bien hecho, no necesita nada más. Esa idea de lo esencial es la que sigue resonando, incluso lejos de Italia.

En una esquina de la colonia Escandón aparece Osteria Brunetta, un espacio que recoge ese espíritu y lo traduce en una experiencia cercana, relajada y sin pretensiones. Desde el nombre, que evoca carácter y una belleza natural sin artificios, se percibe una intención clara de celebrar lo auténtico sin complicarlo.

La propuesta se inspira en las osterias del centro de Italia, donde la cocina es directa y precisa. Aquí, las pastas frescas se elaboran a mano todos los días y forman parte del ritmo del lugar. No hay necesidad de explicar lo artesanal cuando puede verse. La cocina se vuelve parte de la experiencia, no un fondo invisible.

El menú fluye con esa misma lógica. Pastas hechas en casa, pizzas, focaccias y postres clásicos conviven en una carta pensada para compartirse. Cada plato responde a una idea simple pero exigente, buenos ingredientes, técnica cuidada y sabores que reconfortan sin saturar. Nada busca impresionar de más, pero todo cumple.

La barra acompaña sin imponerse. Cocteles clásicos reinterpretados, spritz, amari y preparaciones hechas en casa dialogan con la comida y alargan la sobremesa. Todo invita a quedarse, a pedir algo más, a dejar que la noche avance sin marcar el tiempo.

En Osteria Brunetta, la experiencia no se construye desde grandes declaraciones, sino desde lo que ocurre en la mesa. Un lugar donde tradición y espíritu joven conviven con naturalidad, recordando que, a veces, lo mejor no es lo más complejo, sino lo que está bien hecho y se disfruta sin prisa.